
Cuenta una antigua leyenda que un oráculo anunció que un rey se casaría con su madre sin él saber quién era realmente su esposa. En efecto, así ocurrió. Invadido por la culpa, el rey se arrancó los ojos. Esta historia siempre ha resultado enigmática, pues pareciera haber dos circunstancias que exoneran de culpa al rey: en primer lugar, ¿por qué ha de culparse al rey por casarse con su madre, si él no sabía que en efecto su esposa era su progenitora?; y además, ¿cómo podemos responsabilizar al rey de sus acciones, si ya el oráculo lo había predestinado a cometer ese acto?
Los filósofos han dedicado discusiones monumentales a estos asuntos, pero por ahora dejémoslo de lado, y concentrémonos más bien en una cuestión más elemental: ¿qué de malo tiene el casarse con la madre? En otras palabras, ¿por qué el incesto es inmoral? Podría postularse que la prohibición del incesto forma parte de una moral mojigata que, en una época de liberación, podemos dar por superada. Así como ya estamos superando la censura moral en contra del la homosexualidad, quizás dentro de poco estemos en disposición de superar la censura moral en contra del incesto. Pero, esto parece un trago demasiado grueso, incluso para los más liberales. Por ello, es necesario encontrar alguna razón moral en contra del incesto.
La mayoría de las personas estima que el incesto es aberrante porque conduce a todo tipo de enfermedades y defectos genéticos. Pero, en realidad, los científicos no están plenamente convencidos de esto. El incesto conduce a que la prole tenga un mayor número de genes homocigotos (es decir, genes con los mismos alelos, o copias), pero esto no es necesariamente malo. Podría haber más riesgo en el caso de que la prole herede genes recesivos (todos los genes recesivos son homocigotos), y por regla general, los genes más dañinos son recesivos. De manera tal que no deja de ser cierto que el incesto lleva algunos riesgos biológicos, pero muchas veces éstos son exagerados.
Ahora bien, no parece satisfactorio invocar el temor a los desórdenes genéticos como explicación de la inmoralidad del incesto. Todas las sociedades humanas han tenido prohibiciones contra el incesto. Pero, apenas una pequeña minoría ha logrado desarrollar conocimientos de genética como para comprender los riesgos biológicos. Inclusive, aquellas culturas que no aprecian la relación entre el coito y el parto, aún así prohíben el incesto.
Además, si la inmoralidad del incesto se debiese estrictamente a la prevención frente a los riesgos biológicos, sería difícil explicar por qué genera aberración que hermanastros, hermanos adoptivos o hermanos estériles (o que empleen alguna forma de contracepción) tengan relación sexual.
Quizás el incesto sea inmoral porque estamos biológicamente preparados para que nos genere repulsión. Es plausible que, durante la evolución humana, la evitación del incesto resultara en una ventaja adaptativa. Dados los riesgos biológicos del incesto, la repulsión a aparearse con parientes cercanos resultó ventajosa para tener una prole más abundante. Así, quizás tenemos naturalmente un repudio sexual hacia las personas con quienes nos hemos criado desde la edad más temprana.
Esto es plausible, pero habría que preguntarse, ¿por qué es necesario imponer leyes tan severas para prohibir acciones que resultan naturalmente repugnantes? Todos tenemos repugnancia a comer estiércol. Pero precisamente debido a esa repugnancia natural, ninguna ley prohíbe el consumo de estiércol; eso sería redundante e innecesario. De la misma manera, si en realidad el incesto fuese tan naturalmente repugnante, no habría necesidad de prohibirlo.
A partir de esto, algunas personas con una imaginación asombrosa han estimado que, lejos de sentir repulsión por el incesto, en realidad los seres humanos tenemos un profundo deseo escondido de tener relaciones incestuosas; en particular, los hombres desean a sus madres. A juicio de estas personas, la prohibición del incesto obedece a la represión necesaria de los instintos sexuales para poder conformarnos en civilización.
Esa explicación es muy dudosa. Resulta más plausible postular que el incesto es moralmente censurado porque su prohibición propicia mayor comunicación entre los grupos humanos. Al obligar a las personas a buscar parejas sexuales fuera del grupo de origen, se forjan alianzas que desembocan en una suerte de contrato social. Y, además de eso, la prohibición del incesto asegura que se mantengan estables las jerarquías y posiciones que hacen posible el orden familiar y social. Si no hay una censura del incesto, fácilmente sobrevendría un caos. Si mi padre es mi propio hermano, seguramente su autoridad paternal se verá vulnerada.
Pareciera, en todo caso, que sí tenemos una disposición natural a evadir el incesto, pero no abrumadoramente. Es sabido que los niños que se crían juntos desde la infancia terminan por sentir repulsión sexual entre sí; pero siempre existirán excepciones. No es del todo claro, no obstante, que el hecho de que sintamos repulsión natural por algo lo convierta en inmoral. Con todo, el hecho de que el incesto conduce a males biológicos y sociológicos parece suficiente como para declararlo inmoral.



